19.11.06

CONGREGACIÓN SERVITA LUCENTINA: UN INTENTO DE ESTABLECIMIENTO EN LA IGLESIA CONVENTUAL DE SAN FRANCISCO (1765-1766)

©Luisfernando Palma Robles

(Publicado en VII y VIII Curso de Verano El Franciscanismo en Andalucía, Priego de Córdoba, 2001 y 2002, tomo I, dirección y edición de Manuel Peláez del Rosal, Cajasur, Córdoba, 2003, pp. 565-571)

La Congregación Servita de Lucena, fusionada desde 1975 con la Cofradía del Santísimo Cristo de la Humillación, tuvo su origen en la titulada Esclavos de Nuestra Señora de las Angustias, creada en la ermita de Nuestra Señora de la O, en el barrio de la Calzada, junto a la fundación hospitalaria de San Juan de Dios, en 1724, previa licencia del obispo don Marcelino Siuri. Esta congregación se reformó cinco años más tarde, pasando entonces a llamarse Congregación de Siervos del Dulce Nombre de María de los Dolores.
En 1734 se produjo el hermanamiento de la Congregación de Siervos de María Santísima de los Dolores, de Córdoba, sita en el hospital de Pobres Incurables de Sr S. Jacinto, con la Congregación lucentina de referencia. En 1737 ó 1738 algunos hermanos de esta corporación lucentina pasionista y mariana obtuvieron licencia para pedir limosna y decir misa "por los que estaban en pecado mortal". Esto provocó la atracción de un gran número de fieles, y poco tiempo después la separación de muchos congregantes que, tomando como sede la ermita de san Marcos, se rigieron por unas nuevas reglas bajo el patrocinio del Santo Cristo de la Misericordia y María Santísima de la Piedad y título de Concordia, Enseñanza de la Doctrina Cristiana y pedir para hacer bien y decir misa por los que están en pecado mortal.
Quedaron, pues, pocos hermanos como congregantes de los Dolores, y éstos decidieron solicitar breve al padre general de los Servitas con objeto de integrarse en esta Orden. La integración en ella de los congregantes de los Dolores tuvo lugar en 1746 (1).
Hasta junio de 1788, fecha en que la Congregación Servita lucentina se establece definitivamente en la iglesia parroquial de san Mateo. residió sucesivamente en la citada ermita de Nuestra Señora de la O, en la del Santísimo Cristo del Valle (calle Corralás) y en la iglesia de los mínimos de San Francisco de Paula, no faltándole otros intentos de traslado e incluso manejando la posibilidad de erigir un templo propio. Los motivos de esa inestabilidad residencial hay que buscarlos en lo exiguo de los templos y en las dificultades habidas con cofradías, patronos o comunidades religiosas regulares, según los casos, por su condición de institución secundaria en esos lugares sagrados.
En la junta celebrada el 15 de noviembre de 1765(2), bajo la presidencia del padre corrector don Bartolomé Antonio de Amaro, éste expresó cómo en la reunión correspondiente al mes anterior(3) habían decidido pedir a Dios y a su Madre Dolorosa los iluminasen para efectuar el traslado a "otra iglesia más cómoda, capaz y decente (como días ha lo ansiábamos por lo estrecho y reducido de [la ermita del Santísimo Cristo del Valle])". El corrector especifica al respecto que la necesidad del traslado no tiene su causa únicamente en la escasez de espacio disponible ante el altar de la Dolorosa que obligaba a trasladar la imagen al altar mayor los viernes, día de ejercicios semanales, sino sobre todo por la celebración del solemne septenario.
Apuntaba también el corrector cómo se había excluido en principio efectuar el traslado a templo de religiosos regulares; sin embargo había recibido un ofrecimiento de uso por parte de don Francisco de Paula Ramírez, congregante servita que desempeñaba el cargo de clavero, de la capilla vinculada con su altar de la que era patrón en el templo de la Observancia franciscana.
Don Francisco de Paula Ramírez Rico y Poblaciones (4) fue un destacado miembro de la Congregación y en ella desempeñó diversos cargos, entre ellos el de prior. Además de alcaide interino de la fortaleza lucentina y regidor perpetuo de Antequera, participó activamente en la vida municipal de Lucena: síndico personero, regidor y teniente de corregidor. En la pujante Sociedad Económica de Amigos del País de Lucena ejerció como consiliario primero (5).
La capilla perteneciente al vínculo que poseía don Francisco de Paula Ramírez era la de san Pedro Alcántara, junto a la puerta que da acceso a la sacristía en el lateral de la Epístola, donde mandó se le diese sepultura (6).
La oferta de esta capilla púsola el padre corrector en conocimiento de Fr. Francisco de Vida, provincial habitual de los observantes para que, a su vez, la transmitiese a su comunidad y al P. Fr. Domingo Lazo, provincial entonces en ejercicio, que se hallaba precisamente de visita en el convento lucentino. El corrector servita había pedido al padre Vida le hiciese presente las condiciones por las que había de regirse la translación de referencia y la subsiguiente estancia de la Congregación en el templo franciscano.
Las cláusulas que presentó el provincial al corrector para su estudio por parte de la oficialidad servita fueron seis. Sobre cada una de ellas -según propia declaración- el corrector "había trabajado y reflexionado y consultado a beneficio" de la Congregación y las conclusiones de todo ello las trasladó a su junta de gobierno. A continuación expongo las seis cláusulas, así como las citadas conclusiones, que reflejan a la perfección el aparato celebrativo religioso de la época.
En la primera cláusula el provincial expresaba la autorización para el traslado al templo franciscano de la congregación y daba su permiso para que ésta pudiese efectuar sus ejercicios de los viernes por la tarde a una hora que no impidiese los cultos de la comunidad. Para el perfeccionamiento de esta cláusula, el corrector Amaro propuso que se recogiera en ella el horario que la comunidad franciscana seguía en sus divinos oficios, es decir, concluirlos a las tres de la tarde durante el período comprendido entre la festividad de la Santa Cruz de Septiembre e idéntica festividad de mayo y a las cinco de la tarde el resto del tiempo, salvo en cuaresma y novenarios propios de la comunidad. En estos dos últimos casos se deberían anteponer o posponer los ejercicios servitas.
La segunda cláusula presentada por el provincial Vida hablaba de la independencia que habían de tener las juntas y elecciones de los servitas respecto de la comunidad franciscana. El corrector propuso añadir que los frailes deberían estar siempre privados de voz, tanto activa como pasiva, en las referidas juntas y elecciones.
En la tercera se establecía el orden de la procesión del tercer domingo de mes con las imágenes de la Virgen y san Francisco. Según el padre Vida si los miembros de ambas órdenes terceras –franciscana y servita- no iban separados en la procesión, deberían presidir el visitador franciscano y el ministro de su Orden Tercera; si los servitas fuesen delante podían ser éstos presididos por su padre corrector. En cuanto a las imágenes la Virgen iría en todo caso detrás de san Francisco. Ante esto el corrector servita manifestó que en caso de ir juntos los miembros de ambas órdenes la presidencia debían ostentarla conjuntamente el visitador franciscano y el corrector servita, ambos sacerdotes e imediatamente antes en el cortejo el ministro de la Orden Tercera franciscana habría de presidir al prior servita, en razón a la respectiva antigüedad de las dos instituciones. No le parecía lógico al corrector servita que el ministro de los terceros franciscanos –normalmente un seglar- presidiese a todo un orden tercero distinto del suyo como era el de los servitas. No obstante el corrector abogaba porque los servitas fuesen delante de los terceros franciscanos bajo su cruz o estandarte, con lo que se evitarían discordias.
La cuarta cláusula corresponde a la predicación. El provincial Vida concedía que los viernes que quisiere, el corrector hiciese una plática desde su asiento, pero las pláticas o sermones de púlpito las habían de hacer los franciscanos. En el caso de que los servitas decidiesen que su corrector predicase su fiesta anual –sigue exponiendo Vida- los servitas tendrían que solicitar licencia del provincial franciscano, licencia –apunta- raramente concedida. Para evitar la negativa a la concesión de licencia, el corrector Amaro propuso que “siempre que nuestro orden tercero para su mayor incremento y culto de su Dolorida Madre tenga por conveniente señalar a su corrector u otro de sus hermanos sacerdotes para que predique el día de la fiesta principal o la de sus santos fundadores, como la de N. P. S. Felipe Benicio o Santa Juliana de Falconieri, no podrá oponerse la comunidad, antes sí solicitará con nuestra santa Congregación, la licencia del M. R. P. provincial que fuere, por convenir así para la paz y buena concordia que debemos tener con tan santa comunidad. Y aunque no dudamos el que se nos conceda esta gracia, desde luego la debemos pedir para la primera fiesta de translación, en la que es nuestra voluntad predique nuestro corrector”.
La quinta cláusula que el provincial franciscano ofrece trata de las misas cantadas. En ella se indica que el canto de las misas se ha de hacer por los religiosos de san Francisco y si el día de la fiesta principal quisiere cantar la misa el corrector servita lo ha de hacer con permiso que le concederá el guardián de los observantes. En la contestación que el rector servita efectúa a esta cláusula matiza acerca del sitio en que se hubiere de cantar la misa. El corrector pidió que la comunidad se obligara a conceder a los servitas el altar mayor para el día de su fiesta principal y que en él cantara la misa él o cualquier otro sacerdote servita. En el caso del altar de la Dolorosa, afirma el corrector que siempre que los servitas quisieran podrían cantar en él misa, con o sin diáconos, cualquiera de los hermanos sacerdotes servitas. En cuanto a los derechos que habría de percibir la comunidad franciscana, tanto en el caso del altar mayor como en el de la Dolorosa, propone el corrector “que se habrán de pactar, con lo que no quedará perjudicada y nosotros gozaremos de nuestra libertad en atención a la total independencia que en la segunda cláusula se nos concede”.
La sexta cláusula trataba aspectos económicos. El provincial y el corrector coincidieron en que las limosnas que el convento habría de recibir por las pláticas, sermones, misas aplicadas por vivos y difuntos, etc. serían las justas y razonables que convinieran la comunidad y los servitas. El corrector añadió en su contestación que la distribución de las misas rezadas por los hermanos difuntos habría de hacerse por su parte con toda libertad.
A las seis cláusulas presentadas por la representación franciscana propuso el corrector en su respuesta una séptima, a modo de cláusula final, relativa a la libertad de efectuar nuevas translaciones: “De que ahora y en todo tiempo quedase libre nuestro Orden Tercero para poder transladar a otra cualquiera iglesia o capilla propia para hacerla a sus expensas o extraña, por justos motivos que para ello tenga nuestra Venerable Junta, sin que pueda impedirse por dicha comunidad, recogiendo nuestra Congregación todas sus alhajas que constaren de su inventario, las que estarán señaladas con su escudo. Y en todo acontecimiento deberá preceder la debida e indispensable licencia del M. R. P. Provincial de Servitas.”
En junta particular celebrada el 6 de diciembre de 1765 todos los vocales servitas acordaron admitir las translación a la conventual franciscana y las cláusulas y respuestas anteriormente referidas.Para tratar la translación, la junta designó diputados a don Bartolomé Antonio de Amaro, corrector, don Antonio Ortiz Repiso, prior, don Pedro Antonio del Río y Castro, don Francisco de Paula Ramírez (quien cedía su capilla en el templo franciscano para los servitas) y don Juan Pascual Ramírez y Contreras, secretario.
El 10 de enero de 1766 en junta mensal, los servitas decidieron convocar junta general de hermanos profesos para el domingo día 12, nombrándose como consultores a los curas de la entonces única parroquia de san Mateo don Tomás Ortiz Repiso y don Cristóbal de Luque, así como al carmelita descalzo Fr. Diego de San Jerónimo. En esta misma junta mensal tratose acerca de la licencia que habría de solicitarse al obispo de Córdoba. En este punto se decidió ser preciso recurrir antes al provincial servita para que aprobase la translación, que era quien había concedido la licencia para erigir la congregación, con la aprobación posterior y consentimiento del obispo; por tanto determinaron seguir en cuanto a las licencias de translación se refería el mismo orden.
Sirviendo como base las propuestas por los franciscanos y las respuestas a ellas del corrector se redacta un nuevo cuerpo de 18 claúsulas que los hermanos conocen en la junta general referida. 12 son las condiciones de la parte de los franciscanos y 6 las de los servitas.
Las condiciones de los franciscanos son las siguientes:
1. Concesión del traslado a la capilla de don Francisco de Paula Ramírez sita en su iglesia.
2. Traslado a otro lugar en lo siguientes casos: erección de templo propio, incumplimiento por parte de la comunidad de las condiciones estipuladas tras tres amonestaciones, incumplimiento por parte de los servitas de lo convenido después del mismo número de advertencias. En este último supuesto, se le daría a la congregación tres meses para buscar otro templo.
3. Libertad para la celebración de juntas y elecciones. Los franciscanos no tendrán voz, activa ni pasiva, en los asuntos internos de la congregación, ni privarán de ella a los servitas.
4. Los servitas podrán efectuar sus ejercicios los viernes después de las cinco de la tarde (verano) y de las tres (invierno). Excepciones: cuaresma, novenas, maitines clásicos cantados, entierro, otra función extraordinaria y viernes festivos. En estos casos los servitas atepondrán o pospondrán sus ejercicios en función de los ejercicios franciscanos.
5. Procesión conjunta los domingos terceros de mes. Los servitas, delante de la cruz de la comunidad con su estandarte. La Virgen Dolorosa presidirá la procesión yendo detrás de san Francisco. La comunidad cantará al comienzo y en la última pausa, cuando entona el Te Deum laudamus repetirá el Stabat Mater dolorosa y después en la iglesia su antífona, verso y oración.
6. Canto gratuito a María Santísima de los Dolores de antífona, verso y oración los sábados que canta la comunidad la salve, letanía y Tota pulchra a María Santísima de la Concepción, si los servitas encendiesen luces a su imagen Titular.
7. Poder manifestar el corrector u otro sacerdote en los ejercicios, tanto en el altar mayor como en el de Nuestra Señora de los Dolores, proporcionando la comunidad el ornamento necesario, interin se hacen de uno.
8. La plática espiritual que haya de dirigir los viernes el corrector u otro sacerdote se hará desde el asiento.
9. En las honras anuales de los servitas se procederá igual que en el caso de los terceros seráficos: doble con tres campanas por la tarde y noche. En sus fiestas usarán los servitas las campanas y el órgano según la solemnidad
10. Después de haber estado un año en la iglesia franciscana, los servitas para que el corrector u otro sacerdote predique el día de la fiesta podrán pedir licencia al provincial franciscano firmando la solicitud el guardián y discretos. Esta petición con idénticas formalidades se podrá llevar a cabo cada tres años.
11. Las pláticas y sermones del septenario servita correrán a cargo de un rellgioso del convento a elección de los servitas.
12. Previa licencia del guardián, el día de la fiesta principal podrá cantar la misa el corrector u otro sacerdote en el altar mayor cada tres años y anualmente en la capilla de María Santísima de los Dolores.
Las condiciones de los servitas eran:
1. Idéntica a la segunda condición de los franciscanos
2. De las diez misas que han de decirse por cada uno de los servitas difuntos, dará cinco a la comunidad como limosna.
3. Por cada una de las pláticas y sermones de los servitas entregarán éstos al síndico del convento la limosna que les pareciere justo.
4. Lo mismo por la procesión de tercer domingo de mes.
5. Por las misas cantadas se dará al síndico lo que se estila: sin diáconos, 6 reales; con diáconos, 8 reales. En éstas aportará la comunidad la cera. En las misas de las fiestas con órgano y asistencia de la comunidad, los servitas habrán de poner la cera y dar al síndico 11 reales e igualmente cada uno de los días del septenario si hubiere misa cantada por la mañana y si no hay misa cantada darán 5 reales y medio.
6. El día de las honras por misa y vigilia dará de limosna 2 ducados (22 reales). La misma cantidad se entregará por asistencia de la comunidad a la procesión general que hagan los servitas.
En esta misma reunión general los servitas conocieron el informe favorable emitido por Fr. Diego de San Jerónimo, el carmelita descalzo nombrado consultor, al traslado de la congregación servita a la iglesia franciscana. Por votación secreta se admitió unánimente la conveniencia de la referida translación. Igualmente se determinó pedir licencia al provincial servita para otorgar la correspondiente escritura.
En la sesión mensal de febrero de 1766, la junta servita acordó se preparase un memorial para el Venerable Orden Tercero de San Francisco con el ruego de que aceptasen el convenio llevado a cabo con el convento y Orden Primera respecto a la procesión mensal del tercer domingo, solicitándole al mismo tiempo les concediesen el uso de sus escaños, mesa, candeleros, etc. hasta que ellos se hicieran de unos propios. Para tratar estos asuntos con el padre visitador y con el ministro de la franciscana Orden Tercera se nombró una diputación. También se designó diputación para que el síndico del convento suscribiese la escritura de convenio y para dar las gracias a don Andrés de Cuenca, patrono de la ermita del Santísimo Cristo del Valle, donde estaba establecida la Congregación, "manifestándole los justos motivos que ha tenido nuestra Orden Tercera, para solicitar la translación".
En esta misma sesión se concretaron los estipendios que el convenio dejaba al arbitrio de los servitas. Por la procesión del tercer domingo, 4 reales por cada una, ya que asistía la comunidad a la que hacía su Orden Tercero. Por cada plática de púlpito se entregaría al convento 12 rs. y 30 rs. por cada sermón, excepto el de la fiesta principal a la Dolorosa en el caso de que corriere a cargo de un franciscano, en cuyo caso el estipendio quedaba a la voluntad de la Congregación según sus posibilidades.
El 16 de febrero el corrector Amaro comunicó a la junta haber recibido la licencia del provincial servita para efectuar el traslado y que el original de esta licencia se había remitido al obispo de Córdoba, don Martín de Barcia, que se encontraba de visita pastoral en Aguilar de la Frontera para que diese su consentimiento, pormenor éste exigido en la licencia del provincial servita.
En la junta mensal de marzo se determina que, como aún no se ha recibido el consentimiento episcopal para la traslación a la iglesia conventual franciscana de la Congregación Servita, se envíe un segundo memorial al obispo Barcia. Los servitas manifestaban en él "las graves y notables circunstancias que concurrían para que no negase la translación, cuales eran tener hecha nuestra contrata con la Venerable Comunidad de Nuestro Santo Padre San Francisco, estar resuelta la dicha translación por un cabildo general y haberlo así aprobado y juzgado por conveniente nuestra Sagrada Religión de Servitas, de quien inmediatamente depende nuestra Santa Hermandad y Orden Tercera y ser todo lo relacionado público y notorio en esta ciudad". El memorial se despachó con propio a la villa de la Puente de Don Gonzalo, donde se encontraba Barcia en visita pastoral.
En la mensal del mes siguiente, abril, el corrector Amaro propuso que, habida cuenta de no haber recibido respuesta del obispo de Córdoba a ninguno de los dos memoriales que se le habían remitido en orden a la traslación de la Congregación Servita a la conventual franciscana, se instara con tercer memorial y "que de no dar lugar nuestra pretensión en la alta consideración de Su Señoría Ilustrísima, nos concediese su santa bendición y licencia para trasladarnos bajo las condiciones que sean regulares al Colegio de la Purísima Concepción de esta ciudad". Esta propuesta fue unánimemente aceptada por los hermanos de junta. En 1764 los servitas habían trasladado su imagen Titular, para celebrar su septenario, a la iglesia del Colegio de la Purísima, donde el viernes de Dolores hicieron voto de defender la Limpia y Pura Concepción.
En la mensal de 2 de mayo de 1766 se recibe ,por fin, respuesta del obispo Barcia donde manifestaba existir muchos y graves inconvenientes para efectuar el traslado al Colegio. Esos inconvenientes no figuraban reseñados en el acta ni posiblemente en la carta del obispo. Con esta respuesta Barcia también se negaba indirectamente al traslado a la iglesia franciscana, puesto que los servitas, como ya he indicado, le habían manifestado en su último memorial que de no ser posible el traslado a la conventual de San Francisco les consintiese el traslado al Colegio.
En la prohibición de traslado estaría presente, sin duda, la mentalidad ilustrada del obispo Barcia, tan poco dada a alentar las manifestaciones barroco-populares de religiosidad como ponen de manifiesto sus disposiciones acerca de la celebración de semana santa.

(1) Extraigo estos datos de mi trabajo "La prehistoria de la Congregación Servita lucentina", Torralbo, 1999, Lucena, pp. 7 y ss.
(2)Archivo Parroquial de San Mateo de Lucena (APSML), Servitas, actas. Esta es la documentación básica que utilizo en la elaboración del presente trabajo. No se encuentran en el citado archivo parroquial cuentas de la Congregación servita de los años 1765 y 1766.
(3)En el acta correspondiente a la junta mensal de octubre no se recoge nada de lo aquí reflejado.
(4) Don Francisco de Paula nacíó en Lucena el 7 de septiembre de 1737, hijo de don Juan José Ramírez Rico de Rueda y del Rosal, familiar del Santo Oficio de la Inquisición, y de doña Teresa Javiera de Poblaciones Godines Sandoval y Messía, hija de don Miguel de Poblaciones Dávalos y Valcárcel, caballero de Santiago y conde de las Infantas (APSML, Bautismos, AA 49, f. 25). D. Francisco de Paula contrajo matrimonio en 1756 con doña Juana de Uribe Fernández y Buenache (APSML, Desposorios, BA 18, f. 314) y falleció en Lucena el 10 de marzo de 1803, siendo sepultado con entierro general en la conventual de San Francisco de Asís (APSML, Mortuorios, CA 4, f. 123 vuelto).
(5) Archivo Histórico Municipal de Lucena, Actas capitulares (AHML / AC), diversas fechas.
(6) Archivo Histórico Provincial de Córdoba, Protocolos notariales de Lucena, Testamento de D. Francisco de Paula Ramírez Rico, ante D. Pedro Domínguez del Castillo, 1774, leg. 3 165 P, f. 119v.